Curiosidades animas_02
Animas benditas del purgatorio

El año 1685 se estableció en Talavera la costumbre de pedir por la noches limosna para las animas benditas del purgatorio. Fue al año siguiente cuando se celebro la primera función religiosa por ellas en la parroquia de San Andrés.

En la era tecnológica, donde los dispositivos móviles, pantallas planas de ultima generación, facebook, twitter, instagram …. francamente la leyendas populares causan un mueca de incredulidad o de condescendencia hacia lo “inculto”. Pero, por un momento, tratad de leer este pequeño articulo desde los ojos de un niño que creció en la Talavera de hace 100 años, donde la luz artificial era escasa (casi nula), donde la tradición era la cultura del pueblo y donde este tipo de historias no las leías en la pantalla de tu teléfono o ordenado, sino que era su madre o su abuela la que le narraba estas historias, a la luz de lumbre, durante una noche fría de invierno.

animas

Esbozo creado por Elisa Moreno (Talavera)

Y es que la cultura popular habla de las animas benditas, como aquellas que esperan en el limbo o purgatorio, perdidas entre el cielo y el infierno, porque han dejado promesas sin cumplir y no pueden ascender a otro plano. Se aparecen de diferentes formas y con predilección al ocaso del día ya cuando la luz escasea, bien sea en forma de columna de luz, bien sea como muerto resucitado, incluso a veces en forma de animales. El incauto que se las encuentra deberá cumplir lo que el alma le solicita, que habitualmente solían ser funerales pendientes, misas o limosnas para algún santo.

Aún en algunos pueblos de la Mancha y de Extremadura, cercano el día de Todos los Santos, es costumbre pedir por las animas benditas. Pueden verse por las calles, durante esas frías noches de invierno, comitivas de figuras ensotanadas recorriendo las puertas y pidiendo limosna para los muertos. Estas figuras talares son hombres embozados en capas que a la luz de sus faroles y al tañer de las campanas formaban las cofradías de almas.

Recogido el extracto de unos de los libros del periodista Iker Jimenez (El paraiso maldito) cuenta:

… el resplandor fue mitigándose hasta quedar concentrado en el piso bajo, en un viejo corral que hacía varios años que estaba abandonado. Al entrar observaron una rolliza gallina blanca que corría de un lado a otro de la pared, hasta que, al verlos, se quedó parada en medio de la estancia mirándolos muy fijamente. De la gallina surgió una voz ronca y desagradable que se identificó lastimeramente como la Tía Cristina, una mujer ya fallecida y a la que se tenía por bruja en la zona. Mientras la voz se iba tornando en llanto, la gallina proseguía:

 –      “Debo tres perras a San Antonio, protector contra los espantos, y no puedo entrar en la buena ventura”.

Dichas estas palabras, un fogonazo impresionante envolvió al ave y esta “salió disparada hacia arriba”, desapareciendo al instante y quedando un halo luminoso en el corral. Sobra decir que, una vez que se entregaron las perras a San Antonio, la misteriosa gallina no volvió a aparecerse jamás.

 

 

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